En mi familia no ponemos altar de Día de Muertos. No es por religión ni por ninguna postura frente a la tradición. Simplemente no nos nace.
De niño sí lo vi, año tras año, en casa de mi tía. Frutas, pan, tamales, guisados y, por supuesto, tequila.1 En medio, la foto de mi bisabuelo y las de otros familiares que murieron hace mucho. A la mayoría no los conocí, pero para mi tía eran importantes, y esa importancia se contagiaba. Uno aprendía quiénes eran por la forma en que ella los nombraba.
Con los años, el panorama cambió. He perdido a personas importantes: familia, amigos, una persona a la que quise mucho y a quien me cuesta poner en una sola palabra, y mi adorado Píxel. Y aun así, cuando llega noviembre, no me nace poner un altar.
Los recuerdo como eran. No creo que puedan absorber el sabor de los alimentos y, aunque sé que a los mexicanos nos encanta tanto comer que somos el único pueblo que regresa de la muerte solo para seguir comiendo, prefiero compartir la comida cuando aún están aquí. Unos tacos con refresco sabor rojo. Una carnita asada. Esa es mi ofrenda, solo que llega antes.
Que yo no ponga altar no significa que no entienda lo que hace. Durante décadas, la psicología del duelo repitió que sanar era “soltar”: cortar el vínculo, cerrar el capítulo, seguir adelante.2 Hoy sabemos que esa idea es incompleta. A partir de los trabajos de Klass, Silverman y Nickman en los años noventa, se habla de vínculos continuos: el duelo sano no siempre implica dejar de relacionarse con quien murió, sino transformar esa relación. Seguir hablando de la persona, recordar cómo reía, preguntarse qué diría ante algo que nos pasa.
La ofrenda hace exactamente eso. Le da al recuerdo un lugar, una fecha y una forma. Rompe el silencio, que es lo que más pesa en un duelo. Convierte el dolor privado en algo que se comparte con la familia, y eso es de lo más protector que existe.3 Las y los trabajadores sociales lo vemos todo el tiempo: quien tiene con quién nombrar a sus muertos suele atravesar mejor la pérdida.
Mi tía lo sabía sin haber leído ninguna teoría.
Pero no todos los duelos son aceptados por igual.
Cuando muere un abuelo a los 90 años, hay velorio, condolencias, permiso social para llorar. ¿Y cuando muere un perro que fue compañía durante catorce años?4 ¿O una persona cuya relación con uno no tiene un nombre que el entorno reconozca? ¿O alguien cuya muerte es difícil de decir en voz alta, porque duele, porque hay culpa o porque da miedo cómo reaccionarán los demás?
El psicólogo Kenneth Doka llamó a esto duelo desautorizado: la pérdida que no se reconoce, que no se valida, que se vive sin ritual ni acompañamiento.5 Y suele ser más pesado, porque además de la pérdida hay que cargar la sensación de que uno no tiene derecho a sentirla.6
Quizá por eso mi manera de recordar, sin altar, sin fecha fija y mucho más cotidiana, me resulta natural. Las personas que he perdido no están en un día del calendario; aparecen en una canción, en un platillo, en un lugar al que ya no puedo ir igual. Eso también es un vínculo continuo. Sin mantel ni veladoras.
Y, ¿qué hacemos con noviembre?
No creo que haya una forma correcta de recordar. Hay personas para quienes el altar es el centro del año, y está bien. Hay otras, como yo, que prefieren otros caminos.
Este año tampoco habrá ofrenda en mi casa. Pero hay muchos recuerdos. Y habrá tacos.
Pero buenos, no como otros.
- Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas. (2019, 23 de octubre). ¿Conoces el significado de los elementos de una ofrenda de Día de Muertos? Gobierno de México. https://www.gob.mx/inpi/articulos/conoces-el-significado-de-los-elementos-de-una-ofrenda-de-dia-de-muertos ↩︎
- Gissi Díaz, S. (2026, 25 de octubre). Los vínculos continuados en el duelo: Cuando el objetivo no es dejar ir. Psicopedia. https://psicopedia.org/22056/vinculos-continuados-en-el-duelo/ ↩︎
- Parro-Jiménez, E., Morán, N., Gesteira, C., Sanz, J., & García-Vera, M. P. (2021). Duelo complicado: Una revisión sistemática de la prevalencia, diagnóstico, factores de riesgo y de protección en población adulta de España. Anales de Psicología / Annals of Psychology, 37(2), 189–201. https://doi.org/10.6018/analesps.443271 ↩︎
- Álvarez Gutiérrez, Ó. E. (2026, 20 de julio). ¿Qué son los duelos invisibles? El dolor que la sociedad ignora. El Informador. https://www.informador.mx/estilo/que-son-los-duelos-invisibles-el-dolor-que-la-sociedad-ignora-20260720-0073.html ↩︎
- Equipo Brillemos. (2026, 13 de abril). El duelo invisible: pérdidas que nadie reconoce. Brillemos. https://brillemos.org/blog/duelo-invisible-perdidas ↩︎
- Álvarez Gutiérrez, Ó. E. (2026, 2 de mayo). Los duelos invisibles que la sociedad ignora y cómo sanarlos. El Informador. https://www.informador.mx/estilo/los-duelos-invisibles-que-la-sociedad-ignora-y-como-sanarlos-20260429-0134.html ↩︎