Entre máscaras y silencio: Dazai, Mishima y el sufrimiento
Por Eduardo SánchezLa semana pasada, durante una conversación, mencioné a Osamu Dazai y lo que considero su obra cumbre: Indigno de ser humano (Ningen Shikkaku)1. Casi inevitablemente, aquel comentario me llevó a pensar en Yukio Mishima. No porque sus vidas o sus ideas fueran iguales, sino porque ambos escritores exploraron, desde lugares muy distintos, el conflicto entre lo que somos, lo que mostramos y lo que los demás esperan de nosotros.
Un recuerdo de universidad y un libro elegido casi por azar
En algún momento de la universidad, entre platicas con amigos, hablamos sobre Yukio Mishima. Creo recordar que hablábamos de Confesiones de una máscara2, una de sus novelas más conocidas. Aquella conversación despertó mi curiosidad y me llevó a buscar alguno de sus libros. Así fue como terminé leyendo La corrupción de un ángel3, aunque entonces desconocía buena parte del contexto de aquella novela.
En ese momento tampoco sabía que La corrupción de un ángel era el cuarto y último volumen de El mar de la fertilidad, la tetralogía que Mishima publicó entre 1965 y 1970. Quizá elegí el libro porque era corto; quizá simplemente porque era el que tenía más a la mano. Al principio me costó familiarizarme con los nombres de los personajes, pero después de superar el obstáculo, recuerdo haber disfrutado la lectura.
No fue realmente aquella novela lo que años después me hizo conectar a Mishima con Dazai. Fue lo que ocurrió alrededor de ella. Hay ocasiones en que un libro permanece en nuestros recuerdos por aquello que descubrimos después sobre quien lo escribió. Y en el caso de Mishima, la historia que rodeó la entrega de su última novela resulta difícil de ignorar.
Mishima
El 25 de noviembre de 1970, Yukio Mishima entregó el manuscrito de La corrupción de un ángel a su editor. Ese mismo día acudió con cuatro integrantes de la organización paramilitar que había creado, a un cuartel de las Fuerzas de Autodefensa de Japón en Tokio. Desde allí intentó llamar a los militares a levantarse contra la nueva constitución, creada en el contexto de la posguerra4.
Mishima estaba profundamente molesto con el Japón surgido después de la Segunda Guerra Mundial. Cuestionaba, entre otras cosas, el lugar que ocupaba el emperador y el carácter pacifista de la Constitución de 1947. Su intento de movilizar a los soldados fracasó y, poco después, murió por suicidio. No necesito describir aquí los detalles de su muerte: para esta reflexión resulta mucho más importante preguntarnos qué significado tenía para él aquella última acción y qué relación podemos establecer, entre su obra, su identidad y su búsqueda de reconocimiento.
Mishima había sido nominado al Premio Nobel de Literatura en cinco ocasiones5: 1963, 1964, 1965, 1967 y 1968. En 1968, el reconocimiento fue para Yasunari Kawabata6, su maestro y mentor, quien se convirtió en el primer escritor japonés en recibir el Nobel de Literatura. La relación entre ambos escritores resulta especialmente interesante porque Kawabata reconocía abiertamente el talento de Mishima7, aun cuando la historia literaria terminó colocándolos en posiciones distintas.
Dazai
Osamu Dazai representa un contraste importante. Nacido en 1909, se convirtió en una de las figuras más reconocibles de la literatura japonesa del periodo de posguerra8. Su obra suele asociarse con la llamada Buraiha9, una corriente literaria caracterizada por su actitud crítica frente a las convenciones sociales y morales. Pero más allá de etiquetas, lo que me interesa de Dazai es la manera en que convirtió la dificultad de pertenecer en materia narrativa.
Indigno de ser humano, publicada en 1948, es una obra de carácter semiautobiográfico. Su protagonista, Ōba Yōzō, experimenta una profunda dificultad para relacionarse con los demás y aprende a interpretar un personaje frente al mundo. Hace bromas, representa emociones y procura agradar, mientras mantiene oculto aquello que realmente piensa y siente.
Y ahí aparece la conexión.
La máscara, a veces es una estrategia para pertenecer. Aprendemos a sonreír cuando queremos llorar, a decir que estamos bien cuando no lo estamos, a mostrarnos seguros cuando tenemos miedo y a convertirnos en aquello que creemos que los demás necesitan. El problema aparece cuando dejamos de distinguir entre la máscara que utilizamos y el rostro que realmente somos.
Las máscaras
Creo que todos utilizamos máscaras en algún momento de nuestra vida. La persona que llega sonriente al trabajo después de pasar una noche terrible. El estudiante que hace bromas para evitar hablar de lo que le preocupa. El amigo que siempre escucha a los demás, pero nunca cuenta lo que le sucede. El profesional que parece tener respuestas para todo, mientras en privado no sabe qué hacer con sus propias preguntas.
No todas las máscaras son necesariamente negativas. Algunas nos permiten proteger nuestra intimidad, adaptarnos a diferentes espacios o desempeñar determinados roles sociales. El problema comienza cuando sentimos que no podemos quitárnoslas. Cuando creemos que, si mostramos nuestro verdadero rostro, dejaremos de ser queridos, respetados, aceptados o necesarios para los demás.
Y quizá ahí está una de las preguntas más inquietantes que me dejaron Dazai y Mishima: ¿cuánto de lo que hacemos cotidianamente responde realmente a quienes somos y cuánto responde a la necesidad de ser aceptados por los demás? No es una pregunta exclusiva de la literatura. Está presente en nuestras familias, nuestras relaciones, nuestros trabajos, nuestras redes sociales y, también, en la manera en que hablamos de nuestra propia salud mental.
Dos formas de relacionarse con el sufrimiento
Dazai y Mishima no deben confundirse. Sus ideas políticas, sus estilos literarios y sus concepciones sobre la identidad japonesa fueron diferentes. Incluso la manera en que construyeron públicamente sus respectivas imágenes fue distinta. Dazai cultivó una figura marcada por la vulnerabilidad y la contradicción; Mishima construyó una imagen asociada con el cuerpo, la disciplina, la belleza, la tradición y una determinada concepción del honor.
Por eso me parece demasiado sencillo decir que ambos "sufrían lo mismo". No tenemos elementos suficientes para reducir sus vidas a una explicación única, y hacerlo sería convertir dos trayectorias humanas extraordinariamente complejas en una etiqueta. Lo que sí podemos hacer es observar cómo ambos escritores utilizaron la literatura para explorar conflictos relacionados con identidad, pertenencia, reconocimiento, cuerpo, sociedad y dificultad para encajar.
En el caso de Dazai, además, sabemos que buscó reconocimiento literario y que su relación con el Premio Akutagawa fue especialmente intensa. Fue candidato al primer premio en 1935 y existen cartas10 que muestran cuánto deseaba que su trabajo fuera tomado en consideración. Esas cartas revelan una necesidad profundamente humana: querer que alguien reconozca que nuestro esfuerzo tiene valor.
¿Qué ocurre cuando necesitamos agradar para sentir que valemos?
Tal vez esta es la parte de la historia que más me interesa. No la muerte de los escritores, sino la vida que ocurrió antes de ella. Porque antes de ser autores famosos, Dazai y Mishima fueron personas que tuvieron que construir una identidad, relacionarse con otros, enfrentar expectativas y buscar algún tipo de reconocimiento. Y eso, es algo que todos conocemos.
A veces construimos nuestra identidad alrededor de lo que los demás esperan. El hijo que necesita ser exitoso para sentirse querido. La pareja que evita expresar sus necesidades para no generar conflictos. La trabajadora que nunca puede decir "no puedo más". El estudiante que siente que fracasar significa decepcionar a su familia. Poco a poco, la máscara deja de ser algo que utilizamos y empieza a convertirse en aquello que creemos que somos.
Entonces ¿qué ocurre cuando una persona ya no sabe quién es detrás de la máscara?
La literatura no permite diagnosticar a sus autores. Tampoco podemos utilizar una novela como expediente clínico ni asumir que cada personaje representa exactamente la experiencia de quien lo escribió. Hacerlo sería reducir una obra literaria a una explicación psicológica. Sin embargo, la literatura puede hacer algo extraordinariamente valioso: poner palabras, imágenes y preguntas donde antes solamente existía una sensación difícil de explicar.
Quizá por eso seguimos regresando a ciertos libros muchos años después de haberlos leído. No necesariamente porque encontremos respuestas, sino porque encontramos preguntas que todavía nos pertenecen. Un personaje puede expresar algo que nosotros no sabíamos cómo decir. Una historia puede permitirnos reconocer una emoción. Y, en ocasiones, descubrir que alguien más pudo poner en palabras aquello que nosotros solamente sentíamos puede ser el comienzo de una conversación.
El problema es que no todo sufrimiento encuentra una novela. La mayoría de las personas que atraviesan momentos de profundo dolor no escriben libros sobre ello. Algunas simplemente continúan trabajando. Van a la escuela. Contestan mensajes. Publican fotografías. Hacen bromas. Atienden a sus hijos. Cumplen responsabilidades. Dicen "estoy bien" porque quizá ni siquiera saben cómo explicar que no lo están.
Detrás de una sonrisa puede haber cansancio; detrás de una broma, miedo; detrás de una aparente indiferencia, desesperanza. Esto no significa que debamos interpretar cada conducta cotidiana como una señal de riesgo suicida. Significa, que necesitamos aprender a mirar a las personas con mayor atención y preguntar cómo están sin convertir la pregunta en un trámite.
En México, las cifras muestran que estamos frente a un problema que merece atención. Durante 2025 se registraron 8,856 defunciones por suicidio, con una tasa de 6.8 por cada 100 mil habitantes en la población considerada por INEGI11. La tasa fue considerablemente mayor entre los hombres y los grupos de 30 a 44 años y de 15 a 29 años presentaron las tasas más elevadas por edad.
La situación tampoco es exclusivamente mexicana. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala que las Américas constituyen la única región de la Organización Mundial de la Salud(OMS) donde la tasa de mortalidad por suicidio ha aumentado desde 200012; la organización ha insistido en la necesidad de ampliar el acceso a servicios de salud mental, fortalecer la identificación temprana y el seguimiento, y reducir el acceso a medios letales. Esto nos recuerda que la prevención no puede depender únicamente de la atención individual después de una crisis.
¿Cuántas veces confundimos una máscara con la persona que existe detrás de ella? Podemos acostumbrarnos tanto a ver a alguien funcionando que dejamos de preguntarnos cómo está. La persona cumple con su trabajo, atiende a su familia, llega a sus citas y aparentemente continúa con su vida. Entonces asumimos que todo está bien.
Lo qué está viviendo la persona, qué relaciones la rodean, qué redes de apoyo tiene, qué pérdidas ha experimentado, qué recursos conserva y qué barreras encuentra para solicitar ayuda. La conducta humana ocurre dentro de contextos sociales, familiares, económicos y culturales que también debemos considerar.
La prevención del suicidio requiere reducir el estigma, favorecer conversaciones sencillas, abiertas, facilitar el acceso a servicios de salud mental, fortalecer redes de apoyo, realizar seguimiento cuando existe riesgo y trabajar desde distintos sectores. La OMS13 plantea precisamente que cambiar la narrativa implica pasar del silencio y la incomprensión hacia conversaciones abiertas, empáticas y orientadas al apoyo.
Pero hay algo más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil: estar presentes. No necesitamos ser terapeutas, o expertos en la vida de otra persona. A veces nuestro papel consiste simplemente en escuchar, tomar en serio lo que alguien nos dice, evitar juzgar y ayudarle a acercarse a quienes sí pueden proporcionar atención especializada.
Si estás leyendo esto y te está costando demasiado
Este 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. En 2026 concluye el ciclo de tres años de la campaña "Cambiar la narrativa sobre el suicidio", cuyo llamado a la acción es "Iniciar la conversación". La propuesta busca combatir mitos y estigma, favorecer conversaciones compasivas y crear condiciones para que las personas puedan hablar y buscar ayuda.
Si estás atravesando un periodo de sufrimiento emocional, o te preocupa alguien cercano, no tienes que enfrentar la situación en soledad. Pedir ayuda no significa fracasar ni rendirse. Significa reconocer que hay momentos en los que necesitamos que alguien nos acompañe. La Línea de la Vida, de CONASAMA14, ofrece orientación gratuita en salud mental y adicciones las 24 horas, los 365 días del año, en el 800 911 2000.
Para derechohabientes del IMSS también existe el Servicio de Orientación Telefónica en Salud Mental15, en el 800 2222 668, opción 4. Actualmente brinda atención de lunes a domingo, de 7:00 a 23:00 horas, por personal de Psicología con formación clínica.
Y si existe una emergencia inmediata o una persona se encuentra en peligro, es importante acudir a los servicios de urgencias o solicitar ayuda de emergencia16. No se trata de encontrar las palabras perfectas. Se trata de no dejar sola a una persona cuando necesita apoyo y de facilitar el contacto con profesionales y servicios capaces de intervenir.
Una pregunta abierta
Dazai y Mishima terminaron sus vidas de maneras profundamente distintas y sus obras pertenecen a universos literarios y políticos diferentes. No pretendo convertirlos en ejemplos equivalentes ni utilizar sus muertes para explicar toda su obra. Me interesa algo mucho más cotidiano: lo que ocurre cuando una persona siente que tiene que interpretar un papel para poder ser aceptada.
Porque quizá todos conocemos esa sensación, aunque sea en pequeñas dosis. Queremos agradar. Queremos pertenecer. Queremos que nos reconozcan. Queremos que alguien nos diga que somos suficientes. Y algunas veces construimos una máscara tan eficiente que los demás terminan creyendo que somos exactamente aquello que mostramos.
La pregunta entonces no es solamente qué hay detrás de una máscara, sino qué necesitamos para sentir que podemos quitárnosla sin miedo. ¿Qué tendría que ocurrir para que una persona pudiera decir "no estoy bien" sin sentirse juzgada? ¿Qué relaciones, familias, escuelas, trabajos y comunidades necesitamos construir para que pedir ayuda sea una posibilidad y no una derrota?
No lo se. Pero sí creo que podemos comenzar por algo sencillo: preguntar y escuchar. Preguntar de verdad. Escuchar sin convertir inmediatamente lo que nos cuentan en un juicio, una etiqueta o una solución. Creerle a la persona cuando nos dice que está sufriendo y acompañarla para encontrar ayuda cuando la necesita.
Quizá esa sea una de las lecciones que podemos extraer de la literatura: no siempre podemos saber qué ocurre detrás del personaje que alguien representa. Pero podemos ofrecer un espacio en el que no sea necesario representar nada. Y tal vez, en ocasiones, la prevención del suicidio comience precisamente ahí: cuando alguien encuentra a otra persona frente a la cual puede dejar de usar la máscara.
- Dazai, O. (2021). Indigno de ser humano (Decimotercera edición). Sajalín. ↩︎
- Mishima, Y. (2020). Confesiones de una máscara (3a ed.). Alianza Editorial. ↩︎
- Mishima, Y. (2012). La corrupción de un ángel (2a ed). Alianza Editorial. ↩︎
- Inoue, T. (2020, 25 de noviembre). Mishima Yukio’s suicide and “The Sea of Fertility”. Nippon.com. Artículo original ↩︎
- Nobel Prize Outreach. (s. f.). Yukio Mishima: Nomination archive. NobelPrize.org. ↩︎
- Kawabata, Y. (1968, 12 de diciembre). Japan, the beautiful and myself [Nobel Lecture]. NobelPrize.org. ↩︎
- Amiguet, T. (2016, 9 de octubre). Mishima, el Nobel suicida. La Vanguardia. Artículo de La Vanguardia ↩︎
- National Diet Library, Japan. (s. f.). Dazai Osamu. Portraits of Modern Japanese Historical Figures. Página oficial de la National Diet Library ↩︎
- Leighton, B. (2022, 3 de junio). Buraiha: The ‘decadents’ of Japan. tokyo cowboy. Artículo original ↩︎
- Yobanashi Café. (s. f.). Letters. https://yobanashicafe.com/tag/letters/ ↩︎
- Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2026, 7 de agosto). Estadísticas de defunciones registradas (EDR) 2025 (Reporte de Resultados 29/26). INEGI. Documento oficial del INEGI ↩︎
- Latinus. (2025, 10 de septiembre). América es la única región del mundo donde ha habido un aumento en tasas de suicidio, señala la OPS. LatinUS. Artículo original en LatinUS ↩︎
- Organización Mundial de la Salud. (2026). World Suicide Prevention Day 2026. https://www.who.int/campaigns/world-suicide-prevention-day/2026 ↩︎
- Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones. (2025, 23 de octubre). La Línea de la Vida, te escucha. Gobierno de México. Página oficial de CONASAMA ↩︎
- Instituto Mexicano del Seguro Social. (2026, 3 de enero). IMSS Te Escucha: El Servicio de Orientación Telefónica en Salud Mental otorgó casi 4 mil 500 orientaciones psicológicas (No. 004/2026). https://www.imss.gob.mx/prensa/archivo/202601/004 ↩︎
- Universidad Autónoma Metropolitana, Defensoría de los Derechos Universitarios. (2026). Directorio de instituciones que ofrecen atención psicológica gratuita o de bajo costo [Directorio]. Universidad Autónoma Metropolitana. Documento oficial de la UAM ↩︎