El papel de las redes sociales en la transformación del hombre en mono: ¿Estamos perdiendo la capacidad de profundizar?
El año pasado, Stellan Skarsgård, recibió una pregunta que le causó molestia. Le preguntaron cuál había sido su día favorito en el set. Su respuesta exhibió la intención de la entrevistadora: le hacían preguntas cortas, esperando respuestas igual de breves, todo para convertirlas en videos de Tik Tok1. Y, la verdad, tiene toda la razón en molestarse.
Este fenómeno no es exclusivo de Skarsgård. Las redes sociales, con sus reels, shorts y clips, han transformado la manera en que consumimos contenido. Plataformas como Tik Tok, Instagram, YouTube y Facebook nos bombardean con videos de uno a tres minutos (a veces menos), diseñados para captar nuestra atención en segundos. Lo que en teoría podría ser una ventaja—un formato condensado y accesible—ha terminado por dañar nuestra capacidad de apreciar cosas más profundas, más lentas, más significativas.
Como se menciona en el estudio de Asif Mohd y Kazi Saniya2, se ha revelado una tendencia preocupante: a medida que aumenta el tiempo dedicado a consumir videos cortos, el rendimiento académico, muestra una decadencia significativa. Esto, acentúa las repercusiones tangibles del consumo excesivo de este tipo de contenido en los logros educativos. Estudiantes reportaron dificultades para concentrarse, retener información y una clara preferencia por la satisfacción instantánea sobre contenidos más largos y profundos. Este fenómeno no solo afecta el desempeño escolar, sino que también refleja un cambio en cómo procesamos y valoramos la información en la era digital.
La tiranía de la inmediatez
Zygmunt Bauman, dijo que el deseo es el consumidor ideal3. Según él, los consumidores somos acumuladores de sensaciones, siempre en busca de algo nuevo que nos excite, nos entretenga y, sobre todo, nos mantenga insatisfechos. Las redes sociales son el escenario perfecto para este ciclo infinito: nos ofrecen dosis rápidas de entretenimiento, pero nunca nos llenan del todo. Como una droga, nos dejan con ganas de más, alienándonos y cediendo nuestra voluntad a los algoritmos.
Este mecanismo no solo afecta cómo consumimos contenido, sino también cómo lo creamos y lo valoramos. ¿Para qué ver una entrevista de una hora si podemos ver un clip de 30 segundos con la parte «más interesante»? ¿Para qué invertir dos horas en una película lenta y contemplativa si podemos ver un resumen de 10 minutos en YouTube?
Mi película favorita es Las alas del deseo (Der Himmel über Berlin)4, de Wim Wenders. La vi por primera vez en mi lejana juventud, y quedé maravillado por su belleza visual, su historia poética, la actuación de Bruno Ganz y Solveig Dommartin, y ese momento en que Peter Falk se interpreta a sí mismo. El poema de Peter Handke que aparece en la cinta me pareció una joya en la voz de Bruno Ganz. Sin embargo, es la película que menos recomiendo. No ofrece esa satisfacción inmediata que muchos buscan el día de hoy.
Las alas del deseo es lenta, delicada, introspectiva. No hay explosiones, ni giros argumentales impactantes, ni chistes fáciles. Es una película que te invita a detenerte, a reflexionar, a sentir. Y, lamentablemente, eso parece no encajar en un mundo marvelisado donde la acción constante y las respuestas rápidas son la norma.
Películas como La bruja5, El Babadook6, Hereditary7 o incluso el clásico El bebé de Rosemary8 requieren paciencia y atención. No son fáciles de digerir, pero su impacto perdura mucho después de los créditos. Sin embargo, no tienen la misma popularidad que cintas más simples, diseñadas para impactar de manera explícita gráfica y rápida, como Terrifier9.
Esto no es solo un problema del cine. En la literatura, la música y el arte en general, vemos cómo lo superficial y lo inmediato gana terreno frente a lo profundo y lo reflexivo. Pareciera que, poco a poco, estamos abandonando la crítica y la profundidad para ajustarnos a la velocidad de la actualidad.
¿Estamos retrocediendo?
Bauman también hablaba de cómo la modernidad líquida nos empuja a vivir en un estado de constante cambio, donde nada es permanente y todo es desechable10. Las redes sociales son el resumen de esta idea: nos mantienen en un ciclo infinito de consumo rápido y desechable, donde lo importante no es la calidad, sino la cantidad.
Pero ¿Qué perdemos en el camino? La capacidad de profundizar, de analizar, de conectar con las cosas de manera significativa. En lugar de evolucionar, pareciera que estamos retrocediendo, convirtiéndonos en una especie de «monos modernos» que solo buscan el siguiente estímulo rápido.
Ojo, que no estoy en contra de las redes sociales ni de los formatos cortos. Tienen su lugar y su valor. Pero no podemos permitir que reemplacen por completo nuestra capacidad de disfrutar cosas más profundas, más humanas. Necesitamos encontrar un equilibrio: disfrutar de un reel divertido, pero también permitirnos perdernos en una película como Parásitos11, El hombre de mimbre12, Incendies13 o en un libro que nos desafíe.
Porque, al final, lo que nos hace humanos no es nuestra capacidad para consumir, sino nuestra capacidad para sentir, pensar y conectar. Y eso, es algo que no podemos permitirnos perder.
- The TikTokification of the celebrity interview. 2024. Disponible en: https://hungermag.com/art-culture/the-tiktokification-of-the-celebrity-interview ↩︎
- Asif Saniya Kazi M. Examining the Influence of Short Videos on Attention Span and its Relationship with Academic Performance. IJSR. ↩︎
- Bauman Z. La globalización: consecuencias humanas. Tercera edición. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica; 2017. ↩︎
- Der Himmel über Berlin. Road Movies Filmproduktion, Argos Films, Westdeutscher Rundfunk (WDR); 1987. ↩︎
- The VVitch: A New-England Folktale. Parts and Labor, RT Features, Rooks Nest Entertainment; 2016. ↩︎
- The Babadook. Screen Australia, Causeway Films, The South Australian Film Corporation; 2014. ↩︎
- Hereditary. PalmStar Media, Finch Entertainment, Windy Hill Pictures; 2018. ↩︎
- Rosemary’s Baby. William Castle Productions; 1969. ↩︎
- Terrifier. D&D Films LLC; ↩︎
- Zygmunt B. Modernidad líquida. Di 1 ban. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica; 2010. ↩︎
- Gisaengchung. CJ Entertainment, Barunson E&A; 2019. ↩︎
- The Wicker Man. British Lion Film Corporation; 1973. ↩︎
- Incendies. micro_scope, TS Productions, Phi Group; 2011. ↩︎