13 de enero de 2026

Día Mundial de la Lucha contra la Depresión

Por Eduardo Sánchez

Hay una especie de cansancio que no se quita durmiendo, una incomodidad continua, una tristeza que no es intensa pero sí persistente, que no se va. No sabemos que es, pero lo sentimos. En este Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, me parece importante no solo hablar de la enfermedad, sino del contexto que la alimenta de manera casi imperceptible.

La depresión llega en un mundo que no se detiene, que exige adaptación constante y que nos expone, todos los días, a una avalancha de información negativa. El informe más reciente1 de UNICEF y la Global Coalition for Youth Mental Health lo nombra con claridad: vivimos en una permacrisis. Conflictos, violencia, cambio climático, incertidumbre económica y presión social se mezclan hasta generar una sensación permanente de agobio, especialmente entre las personas jóvenes.

En México, los datos son preocupantes. La Generación Z se siente conectada con su comunidad, cree que puede influir en el futuro y mantiene cierto optimismo. Pero, al mismo tiempo, tres de cada cuatro jóvenes dicen sentirse abrumados por las noticias y los eventos actuales, y más de la mitad reconoce haber necesitado ayuda para su salud mental en algún momento. No es contradicción: es desgaste.

Este panorama coincide con alertas recientes a nivel internacional. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que los trastornos depresivos siguen siendo una de las principales causas de discapacidad en el mundo y que, tras la pandemia, los síntomas depresivos y de ansiedad aumentaron de forma constante, especialmente en jóvenes y mujeres. No estamos ante una “crisis pasajera”, un “catarrito” como diría Agustin Carstens, sino ante un cambio profundo en la forma en que vivimos la realidad.

A esto se suma otro fenómeno del que se habla cada vez más en medios y revistas especializadas: la sobrecarga informativa. Estudios recientes advierten que la exposición constante a noticias negativas (violencia, catástrofes, crisis políticas) no solo genera ansiedad momentánea, sino que puede contribuir a síntomas depresivos como desesperanza, apatía y sensación de falta de control. No es que informarse sea malo; es que informarse sin pausas, sin filtros y sin espacios de contención emocional tiene un costo.

En el trabajo social, lo vemos cotidianamente. Muchas personas no llegan diciendo “tengo depresión”, sino: “ya no disfruto nada”, “todo me cansa” o “siento que haga lo que haga no es suficiente”. Funcionan, cumplen, responden… pero están emocionalmente exhaustas. Y aquí hay un punto clave: la depresión actual muchas veces se disfraza de normalidad.

El informe de UNICEF también revela algo importante: las y los jóvenes no son pasivos. Buscan alivio en la música, el juego, el arte, el movimiento, el contacto con otras personas. Son estrategias valiosas, pero no es suficiente. La mayoría considera que el gobierno, las escuelas, los medios y las organizaciones sociales deben asumir un papel más activo en el cuidado de la salud mental. Esta idea también aparece en debates recientes en Europa y América Latina, donde se discute la necesidad de políticas públicas que regulen entornos laborales, educativos y digitales más saludables.

Hablar de depresión hoy implica aceptar algo incómodo: no todo se resuelve con terapia individual, aunque esta sea primordial. También necesitamos condiciones de vida más humanas, menos precarizadas, menos violentas y menos centradas únicamente en el rendimiento. Necesitamos espacios donde hablar de salud mental no sea motivo de estigma, ni en la escuela ni en el trabajo, ni con la familia o las amistades.

En este Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, la invitación no es a “pensar positivo”, sino a pensar con honestidad. A preguntarnos cómo estamos realmente, qué nos está agotando y qué tipo de vida estamos normalizando. Porque reconocer el cansancio no nos hace débiles; nos hace conscientes. Y desde ahí, quizá, podamos empezar a cuidarnos mejor, en lo personal y en lo colectivo.

Estos días sirven como recordatorio: cuidar la salud mental no es un lujo, es una necesidad básica. Y hacerlo, puede marcar la diferencia.

Escuchemos más y juzguemos menos, empezando por nosotros mismos.

  1. UNICEF-Led Global Coalition for Youth Mental Health. (2025). Entendiendo cómo los desafíos globales afectan la salud mental de la Generación Z: Informe 2025 sobre las percepciones de la salud mental juvenil. UNICEF. ↩︎