Ayer, fue el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una fecha que suele ser poco conocida. La depresión afecta a millones de personas, quienes viven con ella, a menudo parecen personas sonrientes, felices.
Hablar de la depresión, es hacerlo de tristeza, de melancolía, de ansiedad, de aislamiento, de la pérdida de interés en lo que antes se disfrutaba, cambios en el apetito o sueño, llegando incluso a pensamientos suicidas1. La Organización Mundial de la Salud describe este trastorno como una de las principales causas de discapacidad, no distingue edad, género, ni condición económica2. Es una batalla que, en muchos casos, se libra en silencio, lejos de la familia, de los amigos.
En trabajo social, sabemos que no basta con identificar el problema, es necesario actuar, intervenir, transformar. He tenido la oportunidad de ver cómo los programas enfocados en salud mental pueden integrar a las y los trabajadores sociales como una pieza clave dentro del equipo multidisciplinario.
Desde el fortalecimiento de las redes de apoyo hasta la implementación de psicoeducación para manejar emociones, el trabajo social permite abordar la depresión no solo desde una perspectiva clínica, sino también social, cultural y comunitaria.
¿Qué hacemos cuando nos enfrentamos a un problema tan grande? Hablamos. Escuchamos. Actuamos. Ya sea ofreciendo una palabra de aliento, compartiendo información o luchando por políticas públicas que aseguren acceso universal a tratamiento en salud mental.3
Cada acción suma.4
- Depresión. (2023, marzo 31). Organización Mundial de la Salud. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/depression ↩︎
- Depression—National Institute of Mental Health (NIMH). (s/f). https://www.nimh.nih.gov/health/topics/depression ↩︎
- Salud Mental. (s/f). IMSS. https://www.imss.gob.mx/salud-en-linea/salud-mental ↩︎
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